Acabo de llegar a casa de una muy buena reunión de trabajo, he saludado a los animalitos, me he duchado, y me he sentado en el sofá. Después de realizar 3 respiraciones profundas y conscientes, me he quedado embobada mirando mis libros, colocados en una estantería muy grande justo en frente del sofá. Y sin saber por qué me he levantado a coger uno de mis favoritos, desde siempre, titulado “El lobo estepario” de Herman Hesse.

Últimamente no leo tantas novelas como antes, aunque esta se podría considerar una novela autobiográfica y filosófica, ahora ando enfrascada en otro tipo de géneros con prioridad para mi, pero esta me puede como uno de los libros más gustosos y voluptuosos de leer.

Puede que los/las que me conozcáis poco o no me conozcáis nada, no sepáis que una de las cosas que más me gusta en el mundo es leer. Siempre ando con libros para arriba y para abajo, me gusta leerme varios a la vez y terminarlos desordenadamente, o por partes. A veces me apetece llevar una historia determinada conmigo ese día a la calle y otros días otra. Hay libros que me he ido leyendo a lo largo del tiempo en diferentes momentos de mi vida y cada vez siento cosas nuevas al releerlos, (ciertamente “ El lobo Estepario” es uno de ellos).

Por las noches duermo con uno o dos libros, a veces incluso 3, en mi cama o bien a los lados, a veces abrazando alguno y otras bajo la almohada. A veces ninguno también, depende de lo que me apetezca. Cuando estudio y tengo que aprender temarios o textos, sostengo la creencia de que si pongo los apuntes bajo la almohada mientras duermo mi subconsciente sigue, de algún modo, leyendo y aprendiendo. Así lo he hecho siempre desde el colegio a la universidad y funciona. Antes de un examen o un evento importante, o un casting, o simplemente porque sí, duermo con apuntes bajo la almohada. Obviamente después de haber estudiado todo lo que tenga que estudiar, es un más a más, no un truco milagroso.

Cualquier ávido/a lector/a que se preste ha desarrollado su propio lenguaje y relación para con sus libros. Hay personas que no los doblan al leerlos, o no los marcan ni subrayan, están los que usan puntos de libro y los que usan puntos de libro preciosos, otros doblan las páginas otros no, otros los prestan, otros no. Hay personas que no los sacan de casa o que tapan con papel las portadas para que nadie vea lo que leen.

A mi me gusta usarlos mucho, darles mucho uso, me gusta tenerlos cerca, cargarlos y abrirlos al azar en busca de palabras clave, y sobre todo, más que todas las cosas me gusta escribir en ellos lo que se me pasa por el corazón en ese momento. Me dejo en los libros mensajes desde el pasado que voy leyendo en el futuro. Desde la que era a la que soy y así. A veces incluso me hago preguntas desde es “mi yo del pasado” y a veces hasta me contesto. En plan: como salí de esta situación? Se solucionó de esta o tal forma? “Como percibo esto desde el futuro” y cosas así. Es como si fuera dejándome huellas para luego aprender de lo que sentía en aquel momento anterior. Son como fotografías textuales. Como las migas de pan en Hansel y Gretel.

Entonces, cuando recibo esos mensajes, como me ha sucedido ahora; desde “mi yo del pasado” me entiendo mas, integro y veo cómo voy; la cuestión es que al coger el “Lobo Estepario” y abrirlo me he encontrado con un texto en la contraportada que me ha sorprendido, primero por la pureza de lo que expresaba hacia la persona a la que iba secretamente dirigido, digo secretamente pues nunca se lo mandé ni fueron esas las intenciones de su origen. Este escrito fue siempre un mensaje invisible que nunca llegaría de forma consciente a su destinatario.

Al leerlo me ha parecido un poema, cuando lo escribí entonces, no pretendía ser un poema, pero con la distancia como por arte de magia, se ha transformado en uno. He sonreído al terminarlo y me ha apetecido compartirlo con vosotros/as, era este:

“Me gustaría que pudieras darme el amor que quiero
pero ahora estoy aprendiendo a dármelo yo.
Me gustaría compartirlo contigo en algún momento de nuestro futuro juntos. Pero aún me digo que no.

Darte sin medida, querernos mucho.

Pido luz para tu alma y,
que sigas las señales de tu intuición.

A tu ángel le pido que te cubra las espaldas, le veo escoltando a tu corazón.

Mi alma me une a la tuya, los cuerpos se reconocen.

Cuando se encuentran, estos ojos descansan en los tuyos, se para el tiempo, se para el tiempo.

Puede que todo esto me pase a mi solo por dentro,
pero sé que no porque también tú me miras sin los ojos del cuerpo”

11 Comentarios

  1. Me parece una reflexión tomada después de una relación. Pero leo palabras de cariño hacia él, lo cual me indica que tu alarma está en paz tras la ruptura. Nadie es de nadie, vive y siente el momento….😘

  2. Según dice el destinatario de su poema no sabe que él fue el protagonista de esas palabras secretas y que si las leyera sabiéndose el protagonista no se lo creería tampoco, ¡No tenga tan poca fe mujer! , hágale llegar una foto de esas espectaculares que Vd. cuelga por las redes sociales, por ejemplo esta última, seguro que a no tardar le hará una llamada o le enviará un whatsapp, si ve que no le llama tal vez este enfadado por alguna cosilla mala que le haya podido hacer, en ese caso ya no le puedo aconsejar que camino tomar, pero seguro que a una mujer como Vd. algo se le ocurrira. Un saludo.

  3. He tenido la oportunidad de ver su última foto de instagram, ¡Ay, Ay, Ay, no sé tengo dudas!, le recomendé le hiciese llegar una foto de esas espectaculares, pero no se si esta va a resultar porque la foto tiene un color raro, de todas formas si Vd. así lo desea puede hacersela llegar, total que más da un color u otro. Saludos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Publicar comentario